A comienzos de la pandemia, Fabio Vargas Tamayo, de 91 años, se mudó a casa de uno de sus hijos. En medio de la mudanza encontró una bolsa de hojas en las que tenía escritos varios poemas y alrededor de treinta refranes: “los refranes son pura cultura”, afirma.
Al encontrar aquellos refranes, empezó a llamar a sus familiares, amigos y demás conocidos para que le mencionaran los dichos que conocían y así seguir completando la lista. Le interesaban los que no fueran “ofensivos, que no tuvieran tinte político, que no fueran muy vulgares”. Al final, escribió a mano mil refranes, durante un año, de los que seleccionó 817. “No buscamos por Internet, esto lo hicimos boca a boca”, dice Vargas desde Medellín.
A comienzos de la pandemia, Fabio Vargas Tamayo, de 91 años, se mudó a casa de uno de sus hijos. En medio de la mudanza encontró una bolsa de hojas en las que tenía escritos varios poemas y alrededor de treinta refranes: “los refranes son pura cultura”, afirma.
Al encontrar aquellos refranes, empezó a llamar a sus familiares, amigos y demás conocidos para que le mencionaran los dichos que conocían y así seguir completando la lista. Le interesaban los que no fueran “ofensivos, que no tuvieran tinte político, que no fueran muy vulgares”. Al final, escribió a mano mil refranes, durante un año, de los que seleccionó 817. “No buscamos por Internet, esto lo hicimos boca a boca”, dice Vargas desde Medellín.