Cómo no fascinarse con un país donde los cangrejos tenían el color de los cielos y todo era tan nuevo como si en cada día estuviera la creación del mundo. Humboldt es otro de los nombres del mundo, y es esencialmente inabarcable.
Cómo no fascinarse con un país donde los cangrejos tenían el color de los cielos y todo era tan nuevo como si en cada día estuviera la creación del mundo. Humboldt es otro de los nombres del mundo, y es esencialmente inabarcable.