La escritura de Carolina Gaviria es un registro delicado de la conversación que teje con lo vivo en muchas de sus formas; algunas de estas formas, ni tú ni yo, las hemos imaginado, pero ella sabe dónde buscarlas y las anota en sus libretas en su ritual permanente de atender. El espíritu del poema se lee en sus precisiones, cava en profundidad más que en extensión; "el fuego encendido de las luciérnagas / Los rasguños de tigrillos / Los hilos de los hongos subterráneos / luna ovaladas que reflejan al sol en un cachito". Son algunos destellos precisos de este poemario.
La escritura de Carolina Gaviria es un registro delicado de la conversación que teje con lo vivo en muchas de sus formas; algunas de estas formas, ni tú ni yo, las hemos imaginado, pero ella sabe dónde buscarlas y las anota en sus libretas en su ritual permanente de atender. El espíritu del poema se lee en sus precisiones, cava en profundidad más que en extensión; "el fuego encendido de las luciérnagas / Los rasguños de tigrillos / Los hilos de los hongos subterráneos / luna ovaladas que reflejan al sol en un cachito". Son algunos destellos precisos de este poemario.